Josh Spencer empezó a vender libros usados desde su loft en el centro de Los Ángeles alrededor de 2005, y luego tomó en 2009 una tienda barata y con un contrato de alquiler corto como experimento. En 2011 —justo cuando varias librerías grandes de Los Ángeles estaban cerrando— se trasladó a las dos plantas inferiores del edificio del Crocker Citizens Bank de 1914, en la esquina de Fifth y Spring: techos de 25 pies, columnas, bóvedas y diez veces más espacio que su local anterior.

Construir la librería como una obra de arte destinada a ser visitada —túneles, estanterías en las bóvedas, murales de papel— para que la gente venga por el espacio, se quede por los libros y lo comparta en internet.

Spencer diseñó la tienda como un decorado de ciencia ficción neovictoriano: un túnel curvo de libros, ojos de buey, un mural hecho con libros de bolsillo, estanterías construidas dentro de las antiguas bóvedas del banco, lámparas de araña con ruedas de bicicleta y un laberinto de libros de un dólar en la planta superior. El espacio creció hasta unos 21.500 pies cuadrados con más de 250.000 títulos nuevos y usados, además de discos, fanzines, arte y eventos comunitarios.

The Last Bookstore se convirtió en un referente de la revitalización del centro de Los Ángeles: entró en las listas de lugares imprescindibles, su túnel de libros y su hueco recortado con forma de libro se hicieron famosos en Instagram, se usó como plató de la película 'Perdida' ('Gone Girl') y se describió como una de las librerías independientes más grandes del mundo. Spencer siguió abriendo Lost Books en Montrose (2021), Skull-Face Books en Honolulu (2022) y una cuarta tienda en Studio City (2024).

Josh Spencer, nativo de Kentucky, pasó años vendiendo libros usados y otros artículos en eBay desde su loft en el centro de Los Ángeles. En 2009 cedió a la presión local y abrió una pequeña tienda experimental, y en 2011 —en un momento en que cinco grandes librerías cerraban en Los Ángeles— le ofrecieron la planta baja del edificio del Crocker Citizens Bank, de 99 años de antigüedad, en Fifth y Spring. Nunca se había considerado dueño de una librería: simplemente imaginó cómo sería una genial 'última librería' para alguna civilización futura.

La respuesta de Spencer fue construir la propia tienda como producto. Con techos de 25 pies, columnas enormes y auténticas bóvedas bancarias como escenario, añadió túneles curvos de libros, ojos de buey, un mural hecho con libros de bolsillo, esculturas de libros que salen volando de las estanterías y un laberinto de libros de un dólar en la planta superior. El lenguaje de diseño se inspiró en Indiana Jones y en películas de fantasía, y el resultado fue un espacio que parecía una novela de ciencia ficción neovictoriana en lugar de una categoría comercial en declive.

La apuesta funcionó porque el espacio se convirtió en el motivo para ir. La tienda escaló posiciones en las listas de lugares imprescindibles, su túnel de libros y su hueco recortado con forma de libro se hicieron famosos en Instagram, programas de televisión y películas como 'Perdida' ('Gone Girl') rodaron allí, y para 2016 abarcaba unos 21.500 pies cuadrados con más de 250.000 títulos: una de las librerías independientes más grandes del mundo. Spencer amplió después con Lost Books en Montrose, Skull-Face Books en Honolulu y una cuarta tienda en Studio City, y declaró al L.A. Times: «Me gusta crear un espacio, una experiencia».

El salto creativo consistió en vender el espacio, no el inventario: el túnel de libros y las estanterías de las bóvedas hicieron del propio acto de hojear la atracción, algo que ningún minorista en línea podía replicar.

El nombre y el concepto dieron a la tienda una historia: una 'última librería para una civilización futura' convirtió el declive de un sector en una marca con personalidad.

El diseño se ideó para ser fotografiado, de modo que Instagram y las listas de lugares imprescindibles hicieron la publicidad que una tienda independiente nunca podría permitirse.

Los libros usados dieron margen económico al proyecto: las ventas de herencias mantenían el inventario barato, el laberinto de un dólar convertía la búsqueda de gangas en una cacería del tesoro, y la tienda crecía mientras las cadenas cerraban.

Cuando la categoría está muriendo, vende lo que internet no puede: un lugar. Spencer hizo de la propia tienda la atracción, y los libros se convirtieron en el recuerdo de una experiencia.

La pandemia casi acabó con la tienda —Spencer pensó que cerraría el negocio— hasta que su esposa sugirió paquetes de libros seleccionados, que atrajeron unos 2.000 pedidos en una o dos semanas y la mantuvieron a flote. La recuperación se transformó en expansión: Lost Books en Montrose (2021), Skull-Face Books en Honolulu (2022) y una cuarta tienda en Studio City (diciembre de 2024). La tienda del banco en el centro sigue siendo un ancla cultural del barrio que ayudó a revitalizar, y Spencer se describe menos como librero que como alguien que crea espacios y experiencias.

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Las fuentes

  1. LA's Last Bookstore looks to keep the page in the digital age LAist (Southern California Public Radio) · laist.com ·
  2. Independent bookstores resurge in the digital era CGTN America · america.cgtn.com ·
  3. The Last Bookstore Studio City sets its opening date Los Angeles Times · latimes.com ·